asín es

Cuaderno de bitácora de un Ingeniero Humanista.

Sindrome traumático postviaje, Sevilla

Llegué hace unos días, de vuelta a casa, tras 28 de viaje.
Todos sabemos lo que se siente al contraer el sindrome postviaje, esa especie de sensación de parada y fonda obligatorias que nos hace ir con una frecuencia más alta de lo común al frigorífico en horas improcedentes. Eso es lo que suele pasar cuando se regresa de un viaje más o menos normal, igual que el de el resto de los veranos.

El problema llega cuando te has habituado tanto al estilo de vida del viaje que la descompresión de vuelta a superficie se hace bastante brusca. Y hasta aqui no se ha tenido en cuenta el cambio de temperatura que sufrió mi pobre organismo al abrirse la puerta del tren a la llegada a Sevilla.

Es curioso despertarse por las mañanas e intentar descubrir por que no suena la locomotora ni los chirridos de los vagones cuando las agujas provocan un cambio de vía. Comprobar con nostalgia, y con cierto alivio para la espalda, que no duermes en un asiento ambulante, ni rodeado de las que fueron únicas caras conocidas durante casi un mes, sino en tu cama inmovil. Llega un momento en el que se te hace tan natural sentir los 15 kilos de mochila en la espalda que, si no la llevas, estás siempre buscando donde la dejaste, no sea que algun quinqui te la vaya a levantar. Por no hablar de ese gesto involuntario que, al salir a la calle, hace que compruebes que la riñonera no se ha movido de su sitio.

Al no llevar una media de país nuevo cada dos o tres días, todo se convierte en estático, en aburrido. No más aburrido de lo que era antes, pero lo suficiente como para que el frenazo haga que, casi, pierdas el equilibrio.

Afortunadamente quedan Las Fotos, El Video, Los Papelajos (a saber, mapas, planos y billetes de metro, guías turísticas, tickets de supermercados, servilletas de mil y una cafeterías, las tarjetas-llave sustraídas de diversos albergues, etc, etc, etc.), La Banda Sonora, canciones que te traen a la mente ciudades, o paisajes, y viceversa (para mí, en París siempre sonará la BSO de Amelie y en Estocolmo los sonidos del Festival de Jazz), y, por supuesto, La Memoria, individual y colectiva.

Todo se compensa con lo bien que se siente uno al contar esas anécdotas a diestro y siniestro. Pobre el que tenga que escuchar a los 6 viajeros soltando historietas del baño en el Circulo Polar, cada uno a su manera y todos a la vez.

Y al final, todos los sentimientos del sindrome traumático postviaje se convierten en uno solo, ansia por buscar opciones para el siguiente verano, que soñar es gratis y a veces los sueños se convierten en realidad.

Yo ya llevo uno, a ver si el año que viene tengo la misma suerte.

Prometo fotos, en cuanto las digitalicen en la tienda.

2003-08-17 18:43 | 2 Comentarios | Enlace |

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Comentarios

1
De: teo Fecha: 2003-08-20 00:57

Por supuesto, que no se me olvide, darle las gracias a esas seis caras (y a la septima también) por aguantarme durante el viaje y por haber hecho que sea, de momento, la mejor experiencia de mi vida...

De momento :)



2
De: Juanlu Fecha: 2003-08-20 01:37

Suscribo todo. Como siempre. Prueba superada.



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